Este maldito tedio que me mantiene vivo pero parco, que me deja respirando pero vacío.
Y sigue aquí el hastío, cuya sombra me tiene aquí varado, en la línea del sin sabor, en la butaca de los expectantes, mientras veo a todos pasar, riendo y jugando con las manos, acechando los buenos momentos, cazándolos para ellos. Pero yo me tengo a mí y a mi memoria, nada más.
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