Bienvenidos a este humilde blog que pretende acallar la ávida desesperación de libertad de quien lo escribe. En él encontrarán de todo un poco, dependiendo del humor del autor. Son muy libres y es muy de ustedes la libertad de irse a otro lado en este vasto universo de la red, y es muy suyo también el derecho a quedarse a leer lo que hay por aquí de vez en vez...

Miguel Parga

lunes, 12 de marzo de 2012

Fragmento de: Meditación de la locura


Sólo porque el cosmos, ya a estas alturas (caos puro), está totalmente inconexo, es por lo que se puede madurar, meterse en el ducto de una vida que parece tener dirección, porque la meta está al alcance de la miopía, porque los sueños están podados pragmáticamente y uno se mueve en pos de lo inmediato: cumplir con el trabajo, terminar, la escuela, ganar lo suficiente y, si es posible, ahorrar, prosperar, ser feliz. Las metas trascendentes se sustituyen por los objetivos sensatos y parece que, ahora sí, la locura nos abandona, pero no: no hay locura peor que la de la madurez. De la esquizofrenia infantil pasamos a la paranoia adolescente y, cuando maduramos, la locura se convierte en imbecilidad: es la locura de la conciliación, del acomodo, la locura de la normalidad.
¿En qué consiste esta locura? En fingir, en engañarnos, en convencernos de que la vida, la misteriosa e incomprensible vida, tiene como sentido el corto afán que ahora pretendemos. Porque no resulta comprensible, desde ningún punto de vista, aunque para todos sea evidente, que los seres humanos se entreguen así a conseguir dinero, a triunfar, a alcanzar el poder, a ver cómo crecen sus hijos, a lograr la fama, a cuidar su jardín, a conseguir comida, como si alguna de estas cosas o todas juntas tuvieran sentido. La locura de la normalidad consiste en ya no poder entender la pregunta del para qué de la existencia. 

Filosofía para inconformes, Oscar de la Borbolla

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