Bienvenidos a este humilde blog que pretende acallar la ávida desesperación de libertad de quien lo escribe. En él encontrarán de todo un poco, dependiendo del humor del autor. Son muy libres y es muy de ustedes la libertad de irse a otro lado en este vasto universo de la red, y es muy suyo también el derecho a quedarse a leer lo que hay por aquí de vez en vez...

Miguel Parga

sábado, 3 de diciembre de 2011

De donas y delicias

Últimamente ha habido una revoloteo inmenso en mi ciudad -un pueblo hermoso de México llamado Monterrey- por la apertura de una tienda americana de donas y café, conocida como Krispy Kreme. 
Todo mundo habla de ellas, de su exquisito sabor y su nada económico precio. Del otro lado del charco (E.U.A.) la caja de donas no te sale en más de 6 dólares. Aquí el precio cambia para mal. Son realmente caras. El precio oscila entre algunos 140 pesos mexicanos, lo que son algunos 11 o 12 dólares, depende de cómo se le antoje amanecer al dólar.
Supongo que es la novedad y el capitalismo hablando. Está bien, no me quejo. 
Incluso mi ex novia fue a comprar unas donas a ese afamado lugar con un amigo, compró unas cuantas donas para su familia y me dio una a probar. No estaban mal, ya las había probado, eso lo sabía. La dona era tan deliciosa como esperaba y tan ordinaria como lo era.
Sin embargo siento que la gente hace un gran relajo de todo ello y tratan de demostrar a toda costa que las ahora famosas donas son sus favoritas y parte común de sus vidas. Tal vez es parte de la imagen de "gente de mundo" que se quieren dar. Tal vez simplemente les gustan mucho las donas.
Yo, sinceramente, de lugares americanos que vendan donas y café, prefiero uno que se llama Donkin Donuts. 
¿Qué por qué prefiero ese lugar? 
No lo sé. Será la costumbre de que mi padre -que vive en Chicago por cuestiones económicas- me llevaba a comer unas ricas donas de coco y chocolate después de la escuela, cuando vivía por allá. 
Será que mi padre, en los álgidos vientos de la ciudad de Chicago, nos llevaba a disfrutar de un delicioso chocolate caliente en ese lugar, mientras veíamos caer la nieve por la fría ventana. Veíamos formarse el vaho en ella, debido al choque del calor del local con el frío del invierno, mientras formábamos figurillas con los dedos. Algotras veces tomábamos café, pero la delicia del momento compartido era la misma.
Recuerdo el delicioso "Long John", una especie de bolillo con chocolate en uno de sus lados. Era mi favorito. Creo que aún lo es.
Eran buenos tiempos, sin duda alguna. Ese lugar me trae buenos recuerdos y al final así es la mente, juega con nosotros y por eso prefiero el Donkin Donuts al Krispy Kreme, por los buenos momentos que me dejó en mi infancia y adolescencia. Aún ahora, en mi temprana vida adulta, disfruto las visitas a aquél lugar con la ilusión de siempre. ¿Embarazoso? Tal vez.
Estoy próximo a realizar un viaje a la ciudad de los vientos y espero con poca paciencia poder ir a aquel lugar con mi padre para realizar una de nuestras comilonas. Dos hombres, doce donas, dos deliciosos cafés con re-fill, pura felicidad.
Llámenme nostálgico o ridículo. Probablemente lo soy.
Pero no puedo dejar de ser así, un poco loco, un poco romántico, un poco melindroso, un poco añejo, un poco ridículo, un poco infantil y simple. Ese soy yo, con todas sus letras. 







2 comentarios:

  1. Pues deseo que realices y disfrutes de ese viaje. Y cuidado con las digestiones de las comilonas.

    Un abrazo

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  2. ¡Gracias!
    Y claro, trataré de mantener a raya el consumo de tantas donas jaja =).
    ¡Saludos!

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