Bienvenidos a este humilde blog que pretende acallar la ávida desesperación de libertad de quien lo escribe. En él encontrarán de todo un poco, dependiendo del humor del autor. Son muy libres y es muy de ustedes la libertad de irse a otro lado en este vasto universo de la red, y es muy suyo también el derecho a quedarse a leer lo que hay por aquí de vez en vez...

Miguel Parga

miércoles, 2 de noviembre de 2011

De los tórridos y gélidos

La benevolencia del pasado agita el tiempo, eriza los ánimos.


Se elevan los recuerdos en la tempestad terrífica de los relámpagos que iluminan a pedazos el cielo, ese cielo de memorias que se borran al puntillearse las estrellas.

Prudentes son los mares al danzar al compás de la cruel luna, pues, ¿qué pueden hacer las olas con la gigante hermosa y amarilla? ¿Qué pueden decirle, que pueden hacerle, ella tan distante y las olas tan chaparras? Incluso cuando se levantan, iracundas, tan llenas de muerte, son sólo comezón a la gran menguante.

¿Qué puede hacer en cambio, el pobre marinero, atrapado en la tempestad de las olas?

 Nada yo diría. Nada y morir, a decir verdad. Uno espera a que amainen los torrentes de furia, suaves y mortíferos. Uno espera siempre que todo mejore. A su debido tiempo, se dice.

El hombre furioso, impotente, se descubre pequeño y enfermizo. ¿Qué es un pobre corazón con sus cuatro válvulas en un inmenso mar? ¿Son dos flacuchas piernas otra cosa que juncos mal parados en la violenta corriente de la vida?

Yo ya no sé si sueño o me consumo. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario