Bienvenidos a este humilde blog que pretende acallar la ávida desesperación de libertad de quien lo escribe. En él encontrarán de todo un poco, dependiendo del humor del autor. Son muy libres y es muy de ustedes la libertad de irse a otro lado en este vasto universo de la red, y es muy suyo también el derecho a quedarse a leer lo que hay por aquí de vez en vez...

Miguel Parga

sábado, 5 de noviembre de 2011

Geografía de mis deseos vehementes

Anhelaba un lugar en el iris de sus ojos. Deseaba estar allí, sentarse a contemplar las estrellas de la noche bajo la pupila más bella. Estaba seguro que la perspectiva era mejor, era la mejor. No habría noches más bellas que las que contemplaran sus ojos, no habría paisaje más hermoso que en el que ella reparase, no habría modo de igualar un amanecer que a ella le desvelase. 

Auspiciar el lugar más hermoso de su cabello, así de fuerte y húmedo como las selvas lo eran en su temporada torrencial, toda llena de olor a rosas y bellezas. Sentirse fuerte en ese suave ondular de espesa flora negra, deslizarse por los lacios senderos de su cabeza.



Le ocupaba ser inequívoco residente de su piel, sentir la brisa álgida recorrerla y erizarla.
Alojarse en sus labios para no dejarla de besar jamás, ser la última cosa que sus palabras dejaran escapar. Jugar al alpinista en sus comisuras, deslizarse y volver a empezar.
Todo esto quería y ansiaba el pobre hombre. Todo esto le enloquecía. Pues aquella bella mujer no le correspondía. 

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