Cruel eres mujer, al no dejarme ser partícipe de tu prístina
serenidad de alma. Y es que impasible eres, pues grande es tu hermosura.
Palabras vanas y afables escribo, desesperado, tratando de comerte a letras en
un río de tinta.
Si supiera ser eterno incansable te buscaría en otras vidas,
en otros mundos.
Hermosa eres mujer, pues menoscabas la belleza que te rodea,
al ser la tuya tan fastuosa como la que más. Sin darte cuenta caminas y allá
donde caminas reinas.
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