Leyendo el capítulo de un libro de Óscar de la Borbolla, me encontré -más bien me di de bruces- con algunos conceptos que me traen ideas y memorias difusas, medio borradas por la incapacidad de introspección que a veces se me presenta.
Así pues, alguien, una vez más, supo aterrizar mejor y con más hermosas palabras lo que alguna vez yo pensé o sentí. Mas es difícil atribuir la existencia de mis ideas, prueba no hay de ello, ya que al no saber conceptualizarlas, más bien pudieron nunca ser y ser hasta ya leídas, ya razonadas, ya admitidas, ya apropiadas.
Pudo ser pues que yo me identificara con lo que escribió el autor y lo adecuara a mis necesidades, para después contarles que ya había pensado en ello.
Por otra parte el humano no es muy original, se aburre en el ciclo de ciertos pensamientos, y de cuando en cuando algún genio revoluciona una idea, la vuelca. Mientras tanto, la nada. El hastío.
Puede ser que SI haya experimentado lo mismo que Óscar de la Borbolla, más el, personaje mucho más estudiado y elocuente que yo, inmerso en la retórica impávida, sin temor a represiones morales o del alma, supiera expresar cándidamente lo que en mi mente es sólo un balbuceo.
El texto que les menciono es mucho, les pongo un fragmento solamente, por aquello de la hueva de escribirlo.
"La libertad es ese impulso de sacudirnos lo que nos oprime.
Milenios de soportar sobre nosotros la fuerza bruta o la fuerza legal han terminado por acostumbrarnos, por hacer que aceptemos mansamente el estado del mundo, y, también que concibamos la libertad en su sentido más ramplón: como mera capacidad de elegir. Sin embargo, recordemos ese NO que viene desde lo más primario, ese NO con el que también los animales se sacuden a mordiscos aquello que les incomoda, y preguntemos: ¿cuál es la dimensión humana del NO libertario? ¿Será el mero NO a esto para elegir aquello? ¿Será el NO abstracto que se opone al concepto de necesidad.
No, el NO libertario apunta más hondo y más lejos. ¿Qué sería de la libertad si sólo consistiera en ese margen de maniobra que tenemos cuando nos encontramos ante la variedad de marcas en un supermercado? Sería, a lo mucho, duda frente a lo que hay, devaneo dentro de un repertorio dado. ¿Qué sería de la libertad si fuese opuesto a la necesidad, a lo que es siempre y de la misma manera? Sería mera eventualidad o diversidad contingente.
La dimensión extrema del no libertario es aquella en la que la negación no se da dentro del repertorio, sino al negar al repertorio, porque la libertad no es tanto libertad de opción, sino libertad de desilusión, capacidad de revelarse ante la pobreza de lo real”
“Así, el asunto fundamental no es, como lo formula Heidegger: “¿Por qué es en general el ente y no más bien la nada?” sino “¿por qué, en general, es este específico mundo y no más bien otro cualquiera, otro mejor desde el punto de vista moral, físico, químico, estético, político…?, ¿dónde esta la razón suficiente para que en este mundo todo tienda por la entropía al desastre?, ¿por qué el tiempo es nuestro peor enemigo e indefensos estamos entregados a él?”
“¿Por qué las horas de aburrimiento se estancan, y, en cambio, vuelan los instantes de placer?, ¿por qué aquí, como dijo Nezahualcóyotl, todo se pudre, se aja, nada dura y todo muere?, ¿por qué el universo está regulado por la muerte y no por el amor?”
Así, sencillo, sin prisas, con delicadeza y ¿acritud?, Óscar de la Borbolla nos recuerda que no somos tan libres como quisiéramos.
La libertad se manifiesta en sentirse libres de amar, pero amar es la prisión más grande que se inventó el hombre.
Después de lo dulce, viene lo agrio, y a veces lo amargo.
La paz del recuerdo llega después de vivir ácidamente las memorias una y otra noche, hasta que dejan de tener sentido. Dolieron, pero uno ni recuerda cuánto, porque no falta la llegada de un nuevo dolor, un nuevo “evento” que desencadene el caos de tu Universo.
La libertad no es filosofía, es un hecho inactivo que se despierta cuando, irónicamente, lo oprimen.
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