Casi ecuánime el pusilánime entregó el alma.
Todo roto y devoto rogó por tonto y amó.
¡Claro! avaro y macabro el amor no amarra y se acaba, sucio jugó.
Ni modo, de lodo y de sombras él se manchó.
Crudo, el invierno rudo acabarlo pudo, el sufrimiento acabó.
Guerra de dos, perra la vida, engrudo de amor.
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