Bienvenidos a este humilde blog que pretende acallar la ávida desesperación de libertad de quien lo escribe. En él encontrarán de todo un poco, dependiendo del humor del autor. Son muy libres y es muy de ustedes la libertad de irse a otro lado en este vasto universo de la red, y es muy suyo también el derecho a quedarse a leer lo que hay por aquí de vez en vez...

Miguel Parga

lunes, 3 de diciembre de 2012

Los astros, el cielo y el tiempo


Qué puedo decir yo de la luna,
que no sean renuncias
a un estado mental fiable,
escozor flamante de la razón

qué puedo inventar de la luna
y los luceros: abrumantes palabras,
embrollos sin sentido que miren hacia el cielo
que retraten el alba y las nubes
que escudriñen allá donde llegó el hombre
y se ocultó en el tiempo

qué puedo yo alabarle al cielo
que seseante se adentra en el mar
acortando la distancia en los marineros
entre la luna y la mar
entre el sol y los puertos

qué puedo elogiar del tiempo
temeroso señor de los juegos
tragándose niñeces con sabor a helado,
paletas y nueces,
retratando soldados en guerras,
tontos en penas, amores en espera,
poemas en cuevas y  cenas de noche buena

qué puedo exaltarle al sol
radiante, luminiscente y jacarandoso,
por un lado bienhechor,
amable,
generoso, dando vida,
por un lado rodeando al mundo de su bochorno,
volviéndose sudor, sudor de ropas,
dando aspecto interminable
a esas calurosas tardes de verano,
de las que todos quisimos escapar

qué delicias puedo tejer de las estrellas,
puntos blancos, cada vez menos visibles,
cada vez más apagados
por las luces de la ciudad
por las luces de lo humano
buscando colarse en el negro terciopelo
que a veces se ve manchado
por el smog de la urbe, que no deja descansar.

Podría decirse que se ocultan,
las estrellas, por supuesto.
Dejando a un lado las diferencias
¿cuál más grande, cuál más brillante?
ya de eso se olvidan, se juntan, se unen
defendiéndose de lo nuevo,
ya no queda tiempo para mirar hacia arriba
ni si quiera en la noche más tranquila

nada puedo yo decir que no merezcan
y nada les puedo yo maldecir
que no les hayan maldecido ya
así son los astros, la bóveda, el tiempo
navegan por lo humano,
y se les atribuye lo divino, lo mágico, lo grande,
¿Dónde quedan todas esas historias
que dan giro, esencia, sorpresa y verdad?

¿Asumen el poder los juegos, las risas, las oportunidades?
¿Consumen atardecer los buenos ratos, la juerga, la fiesta y el son?

¿Sumergen papiros y libros los bailes, el sexo, la libertad?
¿Queman bibliotecas los tiranos, los furiosos, los gobiernos?

Todo es temporal

Se va el conocimiento humano,
se va,
se va conmigo y contigo,
cuando muero, cuando mueres,
y así durante millones de años. 

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