Bienvenidos a este humilde blog que pretende acallar la ávida desesperación de libertad de quien lo escribe. En él encontrarán de todo un poco, dependiendo del humor del autor. Son muy libres y es muy de ustedes la libertad de irse a otro lado en este vasto universo de la red, y es muy suyo también el derecho a quedarse a leer lo que hay por aquí de vez en vez...

Miguel Parga

miércoles, 3 de octubre de 2012

Un chocolate caliente


Y en ese momento estábamos ahí los dos,
sentados, platicando, riendo;  haciendo nada.
Cada uno con una taza de chocolate,
disfrutando ese amargo sabor
que queda al final en el paladar,
contemplándonos nosotros y
a las hojas de otoño, sintiendo el frío.

Todo parecía igual,
melancólicamente igual.
El mismo otoño de otros años
la misma caída de hojas, el mismo crujido, el mismo frío incipiente,
las mismas lunas famosas de estas noches,
las mismas noticias con diferentes nombres
los acontecimientos cíclicos de una vida que no parece lineal.

Pero ambos sabíamos que todo era diferente
que esta vez la naturaleza estaba equivocada y
que nada era igual aunque así lo parecía,
porque esta vez, para variar, nos teníamos el uno al otro.
Yo lo sabía. Y era inmensamente feliz. 

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