Bienvenidos a este humilde blog que pretende acallar la ávida desesperación de libertad de quien lo escribe. En él encontrarán de todo un poco, dependiendo del humor del autor. Son muy libres y es muy de ustedes la libertad de irse a otro lado en este vasto universo de la red, y es muy suyo también el derecho a quedarse a leer lo que hay por aquí de vez en vez...

Miguel Parga

sábado, 9 de junio de 2012

Anocheceres alborotados


Lo curioso de la vida es la disputa que se da entre amar esto y aquello. Se aman los unos y los otros pero se olvidan del tiempo, y se les pasa la vida amando y la vida se les acaba. Pero si se piensan en el tiempo, entonces el amor se les acaba, el tiempo les sobra y ¿ahora a quién amar?
El equilibrio entre dejar y no dejarte gobernar, ¿reside en la capacidad de amar?, ¿O en la capacidad de ignorar el tiempo?
He ahí lo que la vida no enseña, si es tu amor una gratificante forma de morir o sólo una forma de perder el tiempo.

Sea tiempo o sea el amor, escribo para escaparme de ambos.
En tiempos raídos por un vacío despertar, la música es buena acompañante. Eso a pesar de que no sé mucho de ella, pues no puedo tocar el piano como Chopin, ni levantar las manos para dirigir un preludio. Aun así me veo inmerso en la dulzura de los compases y el ritmo, disfruto los alardeos del violinista y los balanceos de mi mente, que juega conmigo, y me hace creer que tengo la creatividad para escribir a la par que suena la música.
Sin embargo, me detengo de cuando en cuando, para apreciar el último toque, la última estrofa.

No sé si sea el interés de quererlo, el placebo de que funcione, o la simple acción del pasar de los días. Lo cierto es que cada vez soy más feliz.
¿Recuerdan aquella persona que era, de letras sombrías, aciagas y que levantaba cierta tela fúnebre entre sus escritos?
Claro que no la recuerdan, y no debido a que tengan poca capacidad de retención, más bien al hecho que no hay quien recuerde tal cosa, pues lectores no son lo que abundan en este blog.

Pero a lo que iba: esos escritos medio locos, medio oscuros, medio plagiados del “inconsciente deprimido universal” quedaron ya muy atrás, pero orgullosos quedan plasmados como una etapa vivida por mi aún muy joven vida.
¿Qué será lo que venga después?
Al caminar, en la ventana del autobús, antes de comenzar mis clases de interna, por las noches antes de dormir, reflexiono en mi actuar y en la manera en que se ve mi futuro. Obviamente no llego a nada, me paso el tiempo anhelando esto y aquello, entre disputas del alma que busca esto, pero que al corazón le gustaría más aquello otro y que el cerebro recomienda todo lo contrario. El intestino también habla a veces, le recuerda a los demás que no debe ser olvidado, ¿quién si no es el que pones las entrañas para hablarle de vez en cuando?

Agradecido estoy con la lectura de ciertos libros, de ciertos escritores, que me han dado muchas ideas. Recorrer las páginas de un autor, contradictorias con las de otro, me hace imaginar que discuten, que se pelean entre las hojas y derraman tinta cuando se golpean.

Así me divierto cuando encuentro contradictoria mi propia opinión, pues sé que viene de leer cosas que no encajan unas con las otras, y entre devaneos y bailes se me escapa el mundo, pero lo sostengo a tiempo, para decirme a mí mismo que la contrariedad es lo que hace único al ser, pues de eso vivimos y por eso soñamos y crecemos. Por eso no nos desgastamos en el aburrimiento, por eso no sólo prendemos la tele si no queremos hacer nuestro propio programa, por eso no sólo leemos si no ya queremos escribir y publicar nuestro propio libro, por eso no sólo vamos al cine y comemos palomas, si no queremos dirigir y hasta actuar en nuestra propia película. ¿Qué genero podrá ser? ¿Acaso un terrorífico thriller, todo oscuro y desgastado? ¿Acaso un romance perfecto, que se complica primero y termina en amor eterno? No lo sé, es cuestión de hacerlo, de llevarlo a cabo, de no crecer en el la desidia y un día levantarse escribiendo el guion, aunque sea una película de un solo cine o de un solo espectador. Qué importa, el chiste es llenarte, llorar, reír y vivir el cuento que escribiste, la proyección de tu mente hecha obra, tus defectos reflejados en el antagonista, tus virtudes exaltadas en el héroe, tus miedo expuestos y realizados a la pobre víctima, la pizca de justicia, la palabra reclusa, la mirada que roba aliento, el beso que no se dio, el abrazo que duró más de cinco segundos, el refugio de un amor. 

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