Cuando
las características de tu persona que alguna vez enamoraron a un alma, se
vuelven recias y duras críticas de tu ser por esa misma persona, sabes que se
ha pasado del amor al odio.
¿Creer
acaso que el amor es para siempre, después de tantos intentos fallidos, tantas
malas experiencias?
Que
me dicen de los eternos casados, esos a los que la muerte los separa. ¿Qué
habrán hecho, qué sacrificios, qué tolerancias, qué omisiones?
¿Serán
acaso eternos enamorados? ¿O los condenará el yugo de la costumbre, la cadena
del aburrimiento, de la comodidad convertida en lástima, tal vez cariño?
No
me llamen insensible, señores.
No
me llamen insensible pues todo esto lo creo desde hace poco, como a muchos, estos
pensamientos me vinieron después de un amor como ninguno, que lo conquistó todo
en mi ser. Claro, a su paso dejo luego desolación, se lo llevo todo, me dejo
tiritando en la desnudez de mi alma.
Que
les puedo decir yo que ya no sepan, más que choro filosófico y vil, vacío y sin
sentimientos, esto es catarsis. Más que elucubraciones que llaman a la introspección,
es el cuento de mis desventuras y desaires.
Ustedes
comprenderán, señores míos, por lo que pasa este corazón desvencijado.
Mas
nunca igual el sentimiento para ti ni para mí, ni para él o para ella.
Me comprenderán, mas nunca igual.
Me comprenderán, mas nunca igual.
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