En México abunda la inmundicia, abunda la desesperanza. Flota en el aire una densa nube de ideas de frustación y miedo, ideas que quieren gritar y salir corriendo del peligro que aquí acecha. La muerte aquí trabaja dos veces, dobletea turno, hace horas extras. Le bastaba con llevarse a los apuntados, a los destinados, a los que su nombre figuraba en la lista, ahora tiene que cargar con los extras que aquí mueren, pues el hombre se empeña en ayudarla en labor tan tétrica.
Un país fallido con un intento de gobierno que trastabilla en la cuerda de la corrupción, del "pongo a mis amigos, a mi familia y hasta al vecino de funcionario". Un gobierno que cogea a medias por la ciega fe de los votos duros, que no exigen más que un lonche y una coca en las campañas electorales.
Las calles escurriendo de sangre por la indiferencia de una autoridad irresoluta que lo mismo ayuda si se queda sentada en su casa. El desgarro del alma para dar entrada a la avaricia, a la codicia de unos pesos que están más manchados ya de sangre que el tesoro que le quitó Cortés a Moctezuma. Se han dedicado a la matanza a sueldo, menoscabando el amor al prójimo. Ya no pido amor, la misericordia al prójimo. Ni si quiera misericordia, les pido lástima al prójimo si eso ayuda. Yo extraño a mi México de antes...
No hay comentarios:
Publicar un comentario