Bienvenidos a este humilde blog que pretende acallar la ávida desesperación de libertad de quien lo escribe. En él encontrarán de todo un poco, dependiendo del humor del autor. Son muy libres y es muy de ustedes la libertad de irse a otro lado en este vasto universo de la red, y es muy suyo también el derecho a quedarse a leer lo que hay por aquí de vez en vez...

Miguel Parga

sábado, 15 de mayo de 2010

¿Encontró todo lo que buscaba?



Creativo.Era ese mi estado de ánimo cuando empezaron los intestinos a demandar comida. Recién llegaba de un arduo día en la facultad donde aparte de la teoría tuve que aprender a manejar equipo de laboratorio en un lapso de tiempo muy corto, por lo que no sentía las ganas de levantarme de tan cómodo asiento donde me encontraba, pero la creatividad es terca, así que se asió de mi sistema neuronal y me obligo a ir al súper. Ese coloso abarrotado de artículos para el hogar me provoca cierta sensación de estar en una pequeña ciudad, si a eso le agregamos que la cantidad de secciones es casi infinita, pues ahí me tienen dando vueltas sin saber a donde ir. Tomé una decisión rápida y sencilla: recorrería cada pasillo y tomaría tres artículos de cada uno, así me ahorraría mucho tiempo… (Es broma, mi presupuesto se hubiera agotado a los 6 pasillos). Lo que en verdad hice fue tomar un libro de cocina fácil (de esos que venden prácticamente en las cajas) y buscar un platillo que llamara mi atención. Abrí aquella barata revista y ahí estaba: era el salmón más suculento de toda la historia del tiempo, incluso podía olerlo si acercaba un poco mi nariz a aquella revista dedicada al arte culinario. Decidí que la felicidad había tocado mi puerta -o lo que sea que hubiera para tocar- por lo que con ese nuevo aire de aventura me apresure a conseguir todo lo necesario para que la cena de hoy fuera también una velada romántica: el salmón y yo a la luz de la luna, con un buen vino y Vivaldi de fondo. Recorrí ágil y con gran habilidad cada uno de los pasillos en busca de todos esos ingredientes, precursores de la felicidad e inhibidores del hambre. Fastuoso. Había encontrado cada uno de las especias, incluso ese escurridizo vinagre blanco fermentado con ajo, que no encuentras en todos los supermercados. Me dirigía a caja, dispuesto a desembolsar esa enorme cantidad de dinero que sabía costaría toda esta “creatividad”. La señorita que me atendió, muy amable hizo su pregunta tan rutinaria ¿Encontró todo lo que buscaba? No le contesté. Estaba sacando la mercancía del carrito cuando me puse a analizar aquella pregunta hecha tan a la ligera, ¿encontré realmente todo lo que buscaba? Ahí estaban todos esos ingredientes, sonriéndome mientras daban su pequeño viaje por la banda negra, felices de haber sido encontrados y reunidos para tal platillo, cuando así sin más, me lleve las manos a la cara y me di un fuerte golpe en la frente: había olvidado el suculento salmón. Fui hasta mi carro, subí las bolsas a la cajuela y me dirigí de nuevo al coloso abarrotado de artículos para el hogar un poco avergonzado de mi mismo…

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