La longevidad de una madre no es suficiente para admirarla y entenderla por completo.
Admirar la maternidad es incluso un acto que tenemos en deuda a nuestra progenitora.
Por eso todo esta celebración es tan cíclica, madres felicitado madres, madres naciendo y madres dando a nacer más madres.
Dios puede descansar sabiendo que existe al menos un amor puro e incondicional, el amor de una madre es infinito pues. El amor de una madre a su hijo rompe todas esas ataduras racionales y de la psique humana, es algo casi mágico, algo espontáneo.
Más que felicitar a las madres, habrá que verlas y aprender un poco de ellas, porque en su condición más frágil es cuando son más inquebrantables, el amor de sus hijos es el impulso metafísico que las lleva más allá de donde ellas hubieran pensado llegar.
Demos todos un fuerte abrazo a nuestra madre si la tenemos aún con nosotros, recordemos aquellos golpes o regaños que tanto dolieron pero como formaron, los berrinches que ahora son palabras de agradecimiento, las canciones de cuna, los besos en la mejilla, los pesitos para las papas y la coca, el lonche de la hora del recreo, las lecciones extraescolares de matemáticas, las arropadas a mitad de la noche, la comprensión a la hora de tirar el helado en el sillón –o en mi caso quemarlo-, las desveladas cuando estuvimos enfermos, los aplausos de las asambleas, el entusiasmo cuando pintábamos esos feos dibujos y la paciencia a la hora de enseñarnos a cocinar nuestro primer huevo.
Todo eso y mucho más lo hizo sólo por amor, no espera nada a cambio, ni si quiera tus gracias. Todo lo hace con la más pura y noble intención de verte feliz, de verte batallar menos de lo que ella batalló, de no verte sufrir como ella sufrió, de no verte decaído ni triste, porque ella sabe el mundo al que te enfrentarás más tarde.
Una madre es lo mejor que nos pudo pasar en este mundo, aprovéchala al máximo y recuerda que ella daría todo por ti, incluso su vida.
Demos todos un fuerte abrazo a nuestra madre si la tenemos aún con nosotros, recordemos aquellos golpes o regaños que tanto dolieron pero como formaron, los berrinches que ahora son palabras de agradecimiento, las canciones de cuna, los besos en la mejilla, los pesitos para las papas y la coca, el lonche de la hora del recreo, las lecciones extraescolares de matemáticas, las arropadas a mitad de la noche, la comprensión a la hora de tirar el helado en el sillón –o en mi caso quemarlo-, las desveladas cuando estuvimos enfermos, los aplausos de las asambleas, el entusiasmo cuando pintábamos esos feos dibujos y la paciencia a la hora de enseñarnos a cocinar nuestro primer huevo.
Todo eso y mucho más lo hizo sólo por amor, no espera nada a cambio, ni si quiera tus gracias. Todo lo hace con la más pura y noble intención de verte feliz, de verte batallar menos de lo que ella batalló, de no verte sufrir como ella sufrió, de no verte decaído ni triste, porque ella sabe el mundo al que te enfrentarás más tarde.
Una madre es lo mejor que nos pudo pasar en este mundo, aprovéchala al máximo y recuerda que ella daría todo por ti, incluso su vida.
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