Bienvenidos a este humilde blog que pretende acallar la ávida desesperación de libertad de quien lo escribe. En él encontrarán de todo un poco, dependiendo del humor del autor. Son muy libres y es muy de ustedes la libertad de irse a otro lado en este vasto universo de la red, y es muy suyo también el derecho a quedarse a leer lo que hay por aquí de vez en vez...

Miguel Parga

jueves, 14 de abril de 2011

Todos conocemos a la mujer de los cabellos negros, ataviada del color que no es color y que se dedica a encarcerar almas. Al menos alguna vez estuvimos cerca de ella, o quizá ella estuvo demasiado cerca de alguien que era alguien en nuestro  mundo. Ella se mueve por los espacios vacíos que deja el buen humor, ahí donde se cultiva el odio, en lugares donde estalla la rabia y se ensalza la apatía, ella disfruta de grandes banquetes, se sacia de paupérrimos, ricos, agresores y transeúntes por igual. Ella solo quiere comer. 

Y nosotros la alimentamos día a día con la indiferencia de nuestro corazón, la mirada de nuestra alma desinteresada, con nuestros ojos glaciales para no ver lo que vemos y el pensamiento abúlico e insidioso, que solo piensa en el propio devenir.
Pido un minuto para pensar en los demás, pido unos segundos  más para actuar, avisar y educar a las pequeñas generaciones, esas que sólo nacieron en este mundo porque no les preguntaron primero. No pido que se vuelvan Jesús y mueran por los pecadores. Ayuden a alguien cercano. A alguien que quieran. A alguien que amen. Eduquen, enseñen, cultiven. Agenden un día para escaparse de este mundo en un buen libro, y si ese libro lo comparten con alguien que mejor.
Estas opiniones podrán ser escasas y parecer diminutas al fulgor de las balas, pero por alguna parte se tiene que empezar.

Sueño con un despertar…

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